Los agricultores advierten que no nos extrañe si el año que viene vamos a comer a un restaurante y nos piden más dinero por la botella de vino. El verano caluroso que acabamos de pasar, ha tirado por tierra buena parte de las previsiones que había en el sector vinícola.
En agosto bajé unos días a Tomelloso, un pueblo de Ciudad Real, donde tengo familia y amigos, y que se dedica, en lo fundamental, al cultivo de la vid. Sus vinos pertenecen a la denominación de origen La Mancha.
Hablando con el padre de un amigo, que trabaja en el campo, le pregunté: “¿Cómo se presenta este año la vendimia?”. El hombre, notablemente afectado, me dijo: “Una calamidad, me da vergüenza hasta ir a vendimiar.”
Las cosas estaban peor de lo que yo me imaginaba. Después de tranquilizarlo, intenté que me explicara la situación. Tras el invierno lluvioso que hemos tenido, los agricultores tenían unas altas expectativas en el resultado de la cosecha. Pero las sucesivas olas de calor han terminado por arruinar el fruto.
Las uvas son más pequeñas de lo habitual, incluso en las viñas de regadío. Las cepas no han soportado bien el estrés térmico. Para colmo, en agosto, que es cuando se conforman los racimos, ha habido fuertes tormentas y granizo, que han dañado el grano. La calidad no se espera que se resienta, pero sí la cantidad. Donde algunas viñas se espera que produzcan entre un 20 y un 40% menos.
Por eso, el padre de mi amigo me dijo: No te extrañe que el vino sea más caro. Parece lógico, es la ley de la oferta y la demanda. Cuanto más escaso es un bien, más sube su precio.
La vendimia más temprana de la historia.
El periódico La Rioja ya anunciaba que el 6 de agosto ya se empezaba a recoger la uva en esta región. Más de 20 días antes de lo habitual. Tradicionalmente, la vendimia comienza entre la última semana de agosto y la primera de septiembre. Este año se había adelantado casi un mes. No se podía esperar más, sino que algunas variedades de uva se echaban a perder.
La vendimia, en esta reputada región vinícola, se ha iniciado de manera escalonada. Se ha comenzado a recoger determinadas variedades como el tempranillo blanco y el chardonnay. Otras uvas, que se supone que son más resistentes al calor, como el tempranillo tinto, se dejan para más adelante. De todas formas, se espera que se recojan antes de la fecha habitual.
En La Rioja Alavesa, donde se espera que las primeras labores de recolección se inicien el 24 de agosto, Juanjo García Berrueco, presidente de la UAGA, Unión Agroganadera de Álava, confiesa al periódico Crónica Vasca que se espera que se produzca una bajada de productividad de los viñedos del 40%.
A la disminución de la producción, debido a las altas temperaturas del verano, se le suma la decisión del Consejo Regulador de la Denominación de Origen La Rioja de bajar el cupo por hectárea. De los 6.500 kilos que se recogían años atrás, solo se van a aceptar 5.800 kilos esta campaña. En un intento desafortunado, desde su punto de vista, de priorizar la calidad por encima de la cantidad.
Ha sido un año contradictorio. A pesar de que ha bajado la cantidad de uva, la calidad parece que es excelente. Debido a que esta temporada las vides apenas han sufrido ataques de hongos, bacterias y otras enfermedades. El adelanto del verano ha generado escasez de humedad, lo cual favorece una maduración óptima de la uva. Sin perjuicio, como estamos denunciando, de la pérdida de cantidad.
Una cosecha incierta.
La revista sobre vinos De cata en cata resalta que la incertidumbre es el rasgo principal de la recogida de la uva en la península ibérica y en gran parte de Europa en la cosecha de este año. El cambio climático, que ha hecho que en toda Europa se batan récords de altas temperaturas, ha propiciado que no se sepa realmente qué esperar de la vendimia de este año. El Ministerio de Agricultura de Francia, que generalmente publica sus previsiones sobre la cosecha de uva en agosto, ha decidido esperar a septiembre, para tomar una posición en base a los primeros pesajes que se registren.
Esta revista señala que este año se ha adelantado la vendimia principalmente por la aparición del granizo. La irrupción de las granizadas ha propiciado que se recoja la uva con tanta premura, para evitar que se pierda la cosecha.
La falta de precipitaciones en verano, combinada con las noches tórridas, ha propiciado dos efectos contrarios, que dependen de la zona geográfica donde se haya dado. En algunos sitios se ha bloqueado la maduración de la uva, debido a que las vides no han podido soportar el estrés térmico e hídrico al que estaban sujetas. En otras regiones, en cambio, se ha producido una aceleración de la maduración. Propiciando que la uva alcance una alta graduación alcohólica de manera prematura. El grado influye en la calidad del vino, pero no hay que olvidar que la maduración es el paso previo a la podredumbre de la fruta, lo que obliga a su recogida inminente.
Este verano tan extraño también ha motivado a que ciertas regiones vitivinícolas adopten prácticas inusuales, como la vendimia nocturna, que la están poniendo en marcha algunas bodegas del alto Penedés. Al recoger la uva por la noche, además de que las temperaturas son más agradables para los trabajadores, se evita la oxidación de la uva y se preservan los aromas.
El vino del cambio climático.
La principal consecuencia del cambio climático es la reducción de la producción. En regiones vinícolas tan importantes como La Mancha o Cataluña se esperan caídas de la producción de hasta el 20%. La falta de precipitaciones y las altas temperaturas en verano hacen que la uva sea menos grande y pese menos. Por tanto, se obtendrá menos mosto para elaborar vino.
Por otro lado, la uva es más concentrada. Esto da a entender, aunque no de manera mecánica en todos los casos, que el mosto va a ser más concentrado. Por lo que es probable que el vino gane en aroma, cuerpo y sabor. Un vino ideal para los amantes de los caldos intensos.
La aceleración de la maduración, de la que ya hemos hablado, también va a hacer que los vinos suban en graduación alcohólica. Este es un fenómeno que se está dando en toda Europa. El Consejo Regulador de la Denominación de Origen Rioja ha subido hasta en dos grados las condiciones para recibir uvas en sus bodegas.
El mercado internacional del vino se mueve por los parámetros que impone el vino francés. Como en Francia también se está dando esta maduración intensificada, no es extraño que pasemos a degustar vinos con una mayor graduación y que esta tendencia se vuelva cultura.
Hay que esperar a ver cómo evolucionan los años sucesivos, pero parece que uno de los escenarios más probables en el mercado del vino es que pasemos a degustar vinos de gran calidad, con una mayor graduación alcohólica, uno o dos grados, pero más caros, puesto que se produce menos cantidad. En todo este panorama, quienes salen perdiendo son los agricultores.
Buscando cepas que soporten el calentamiento global.
Tradicionalmente, los agricultores siempre han cultivado en sus tierras aquellas variedades de uva que mejor se adaptaban a las condiciones climatológicas y del terreno. Por esta razón, el tempranillo es una de las variedades que más se cultiva en nuestro país. Una uva que no necesita muchas precipitaciones y que soporta bien los inviernos fríos y los veranos calurosos.
En los últimos tiempos, tal vez movidos por satisfacer los gustos del mercado y por la búsqueda de la excelencia, en nuestro país se han empezado a cultivar otras variedades de uva foráneas que aportarán matices a los vinos locales.
Las condiciones climatológicas han cambiado. Cada año se adelanta un poco más la vendimia. Los inviernos y los veranos son cada vez más intensos y apenas existen estaciones intermedias. A finales de mayo y principios de junio, este año, casi estábamos teniendo temperaturas propias de agosto.
Ante este cambio de la climatología, los viticultores no tienen más remedio que buscar aquellas vides que mejor se adapten a la variación de temperaturas y a las sequías. Viveros de vides como Pantvid, un vivero del interior de Valencia, ubicado en Aielo de Malferit, que surte de cepas a viticultores españoles y extranjeros, principalmente de Europa y del norte de África, tiene desarrollado en su página web un completo dosier sobre las características técnicas de las variedades de uva que comercializan (tipo de tierra, necesidades hídricas, resistencia al calor, época de maduración). Información que es necesario consultar, por esta fuente o por otra, antes de replantar un viñedo.
Estas son cuestiones que siempre se han tenido que tener en cuenta, pero que ahora son más necesarias todavía, si atendemos a las variaciones climatológicas que estamos viviendo. El agricultor va a tener que enfocarse más en buscar cepas resistentes que en jugar con las posibilidades etológicas que le ofrecen las diversas variedades de uva.
Nuevos vinos emergentes.
Frente a este panorama irregular, hay vinos locales y regiones vinícolas que se van a ver beneficiadas; es el caso de los vinos canarios. El periódico tinerfeño Diario de Avisos anuncia que este año será una cosecha extraordinaria para los viñedos de todo el archipiélago. Mientras que la producción va a caer en la península, en Canarias se esperan recoger más kilos de uva que años anteriores.
Al igual que ha pasado en la península, el invierno en Canarias ha sido especialmente lluvioso. Algo que ha hecho que las vides crezcan más vigorosas. En verano, en algunas partes de Canarias se han vivido días con temperaturas cercanas a los 40º, una temperatura inusual en el archipiélago. Sin embargo, a rasgos generales, ha habido una menor variación térmica que en el continente europeo. Lo que ha hecho que la uva no se estropee a pocas semanas de su recolección.
El vino canario es cada vez más apreciado. Tiene un sabor característico y unas notas salinas y minerales que proceden del suelo volcánico en el que se cultiva, de sus temperaturas moderadas, de la proximidad al Atlántico y del empleo de variedades de uva autóctona que casi no se cultivan en otras partes del mundo, como el listán negro o la malvasía volcánica.
Este va a ser un buen año para los vinos canarios y una oportunidad única para que los que aún no los conocemos, los podamos descubrir. Como se suele decir, no hay mal que por bien no venga. No todo siempre es negativo. El cambio climático es probable que perjudique a los vinos más conocidos, pero en cambio, va a facilitar que se den a conocer los que siempre han quedado un poco eclipsados.
Los efectos sobre la economía española.
España exporta al año entre 19 y 20 millones de hectolitros de vino. Por volumen, somos el segundo exportador de vino a nivel mundial. El peso principal de las exportaciones de este producto proviene de la venta de vino a granel. Como es lógico, con una reducción de la producción, tal y como se prevé que suceda este año, nuestra balanza comercial se verá afectada.
En el 2025, España exportó productos vitivinícolas a 189 países. En 54 de ellos, las ventas crecieron un 20% y en 21 tenemos facturaciones superiores al millón de euros. Países como Alemania, Reino Unido, Estados Unidos, Francia, China y Rusia, se encuentran entre los principales compradores del vino español.
La revista La Semana Vitivinícola, que presenta todos estos datos, insiste en que es fundamental dar un cambio de orientación a las exportaciones de vino español. Un cambio que se vuelve más necesario ante la bajada de la producción. Frente a vender cantidad, vino a granel, España debe competir en calidad. Trabajar las marcas de las denominaciones de origen. Aunque la cantidad se va a ver afectada, la calidad no se ha visto comprometida, al menos este año. Por lo que es un camino por el que debemos tirar.


